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“Rony era una persona encantadora;
una persona buena, con una sonrisa de oreja a oreja que
deslumbraba.
Como he escrito en mi relato de
“El color de las horas”, él no esta muerto porque lo
recordamos, lo nombramos, lo sentimos.
Pienso que no le gustaría vernos
tristes... Él era una persona vital, alegre, tierna y dulce. No
le apenemos con nuestra tristeza.
Allí donde esté, está riendo,
contento, imaginando planes para cuando a nosotros nos llegue el
tiempo en que nuestro reloj también se pare.”
Meria Albari
“Allá donde estés, escucharás la palabra de
Honduras en nuestra sinfonía de gorjeos”
César Rubio
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