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Socio de Honor a título póstumo

Santos Rony HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ

(1974-2004)

"Rony era una persona encantadora; una persona buena, con una sonrisa de oreja a oreja que deslumbraba. Como he escrito en mi relato de “El color de las horas”, él no esta muerto porque lo recordamos, lo nombramos, lo sentimos. Pienso que no le gustaría vernos tristes... Él era una persona vital, alegre, tierna y dulce. No le apenemos con nuestra tristeza. Allí donde esté, está riendo, contento, imaginando planes para cuando a nosotros nos llegue el tiempo en que nuestro reloj también se pare.”
Meria Albari

“Allá donde estés, escucharás la palabra de Honduras en nuestra sinfonía de gorjeos”.
César Rubio

"Varios años hace de mi primera aproximación a Honduras. De su esencia y existencia, me fuí impregnando, durante las interminables conversaciones con mi amigo Denis, en las apacibles noches alicantinas. En todas aparecía Rony, vivo al principo y más vivo aún, después de su muerte. Su recuerdo nos acompaña ahora en nuestros viajes y estancias en el país. Siempre presente en nuestro espíritu y con una silla dispuesta para él en nuestras tertulias con los amigos de allá. Su comprometida juventud y su carácter decididamente solidario nos animan a seguir apoyando a chicos con pocos recursos económicos, pero con gran capacidad intelectual y afán de superación. Su corta pero intensa vida fué y es ejemplo de ello. Muchos jóvenes hoy, en Honduras, necesitan nuestro apoyo y colaboración económica. Su recuerdo nos anima a seguir trabajando en nuestra asociación "Pequeños Príncipes", en íntima colaboración con Apufram, para brindarles la oportunidad de conseguir un futuro mejor.
Rony, no llegamos nunca a conocernos personalmente, pero teníamos un amigo común y, a través de él, tú sabías de mí y yo de tí. Ahora, ya no estás entre nosotros, pero he conocido tu país, tu pueblo, tu familia y a tus amigos catrachos. De alguna manera, tu vida y tu muerte nos transfunden ánimos para estar allí, contigo, con los jóvenes que ansían salir la ignorancia y de la pobreza. Ayudarles a alcanzar estos objetivos es el compromiso de "Pequeños Príncipes"; un compromiso con el que confiamos poder cumplir, día a día, animados por tu ejemplo y en recuerdo tuyo."
Juan Manuel Letang


Se llamaba Rony Hernández Rodríguez. Tenía 30 años, y un futuro esperanzador, hasta que un coche -un carro, como dicen allá en su país, Honduras- segó su vida.

Era estudiante de derecho y, como la mayoría de los jóvenes en hispanoamérica, tenía que trabajar para poder vivir y pagar sus estudios. Algún que otro año, las necesidades eran tales que no le quedaba más remedio que aplazar sus estudios hasta el próximo curso... si había suerte.

A pesar de ser soltero, tenía que suplir en gran medida las necesidades de toda una familia: una madre viuda, un hermano menor y una hermana, tambien viuda, con cinco niños en edad escolar. Pero su corazón era tan enorme que aún le quedaba capacidad para ayudar a la gente necesitada que tenía a su alrededor. Era -como se suele decir- el paño de lágrimas de muchos.

Durante varios años, secundó al Padre Luis Gonzaga Galvis en su labor al frente de la parroquia San Ramón Nonato de Villanueva, Honduras. Participó, de forma altruista, en las "veladas teatrales jocoserias" organizadas por las Madres de la Caridad de San Pedro Sula, a beneficio de sus obras. Y, desde hace 3 años, colaboraba -también de forma totalmente altruista- con nuestra pequeña asociación. Era nuestro amigo y nuestro representante* en Honduras.

El grán número de personas que le acompañaron el lunes 29 de noviembre de 2004 hasta su última morada dice mucho sobre el afecto y el cariño que le tenían muchas personas, tanto de Villanueva como de San Pedro Sula, ciudades en las que vivió y desarrolló sus actividades durante estos últimos años.
Aparte de bondadoso, Rony era la persona más sencilla y humilde que yo haya conocido. Su despegue de las cosas materiales era total, y puedo decir que, si tenía algún defecto, era el de no saber guardar nada para él. Vivía con lo imprescindible, en una casita humilde en el barrio más pobre de su ciudad.
A pesar de su juventud, no le importaban la moda, ni las marcas, ni todos estos artilugios que los jóvenes europeos y norteamericanos consideran hoy indispensables: teléfonos móviles (léase celulares), lectores de MP3, cámaras y videos digitales, etc.
A duras penas, conseguimos que se interesara por los ordenadores e Internet, ya que eran medios imprescindibles para poder comunicarnos con él desde Europa.

A Rony le gustaba -siempre que podía- bailar (lo hacía con buen ritmo), cantar (a sabiendas de que lo hacía desafinadamente), leer (su autor preferido era Paulo Coelho), ver cine (era un admirador de Pedro Almodóvar)... y escuchar música en todo momento (le encantaban Ricky Martin, Mocedades, Joaquin Sabina, Mónica Naranjo, etc.)
Le gustaba hablar con la gente: sorprendía con qué facilidad se dirijía a cualquier desconocido, en la calle, para preguntarle sobre su procedencia, su trabajo, su familia. Ningún ser humano le dejaba indiferente. Era, ante todo, un ser muy sociable y lo que más le hacía feliz era reunir a unos cuantos amigos y cocinar para ellos (cocina tradicional hondureña, por supuesto... aunque le gustaba también "flirtear", de vez en cuando, con la cocina europea).
No era muy deportista, pero había aprendido a montar a caballo en su niñez campesina y lo hacía bien; le gustaban la bicicleta, la natación, el senderismo, la naturaleza... Recuerdo que me tuvo, hace pocos meses, durante mi último viaje a Honduras, andando todo un día, a buen ritmo, en la verde campiña de Cedeño, cerca de Choluteca.

Le fascinaban las puestas de sol sobre el mar. Unas semanas antes de venir a Europa me preguntó: "¿Cómo son las puestas de sol en España? Aquí nunca se puede ver poner el sol sobre el mar: el horizonte siempre está nublado, hay demasiada humedad..."
Cuando vino a España, el espléndido clima mediterraneo le regaló estas puestas de sol con las que él soñaba desde niño. Entonces, sentado sobre una roca, se quedaba con la mirada fija, frente al mar, totalmente absorto por el espectáculo, hasta que se apagara el último rayo de sol en el horizonte.
Quedó tambien impresionado por los Alpes, desde que tuvo ocasión de sobrevolarlos en un viaje a Alemania.

Tenía un gran concepto de la amistad, de la fidelidad: su ancha y perenne sonrisa se borraba totalmente cuando se sentía abandonado o traicionado por las personas que apreciaba. La injusticia le causaba un dolor aún más intenso: como en un quejido, argumentaba, se lamentaba, apretando los puños de pura impotencia, como un niño al que apartan a la fuerza de su madre.
Hoy, siento la misma impotente rabia imaginando como habrán sido sus últimos minutos, brutalmente atropellado y arrastrado por un coche asesino. Seguro que habrá apretado los puños, una vez más, impotente ante la fatalidad y vencido.

Desde Honduras, su familia y sus amigos nos dicen que no habrá investigación policial, porque Rony era pobre. No puedo admitir que, en ningún país civilizado, quede un ser humano desamparado por ser pobre y me niego a aceptar que un país de derecho, una joven democracia -como es Honduras- sólo persiga a los delincuentes cuando las víctimas son personalidades relevantes de la sociedad.

En cualquier caso, Rony Hernández, por sus cualidades, por su humanidad, por su dedicación a los demás era, desde nuestro punto de vista, toda una personalidad y, desde España, desde nuestra pequeña O.N.G., instamos a las autoridades policiales y judiciales hondureñas a que actúen, con toda dedicación y con todos los medios de que disponen, para encontrar al responsable de esta tragedia que deja desamparada a una familia y desconsolados a todos sus amigos.

Como lo escribía el novelista francés Maurice Druon: "Una persona no muere mientras permanezca intacto su recuerdo en la memoria de los que la han conocido". Rony tenía muchos amigos y vivirá entre nosotros, con nosotros, durante muchos años. Pero, desde "PEQUEÑOS PRÍNCIPES", queremos hacer algo más en su memoria y, por ello, hemos decidido darle su nombre a un nuevo proyecto cultural para crear unas bibliotecas/mediatecas en algunos colegios de Honduras que acogen, en la actualidad, a huérfanos y a niños necesitados. En memoria de nuestro compañero y amigo, Rony Hernández Rodríguez, al que todos queríamos.
Denis Roland Jurado

(*) representante de la Asociacón Pequeños Príncipes, de ayuda directa a niños de Honduras

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